Él sabía que no eran tiempos como los de no hace mucho. Cuando era mucho más fácil tomar decisiones, de qué hacer o no hacer. De qué dejar pasar y de qué era inevitable. Pocas cosas (muy pocas) seguían siendo permanentes e ineludibles. Pocas cosas eran como solían ser.

Ahora casi siempre la respuesta inmediata, casi previa y predeterminada era que «No«. A muchas cosas les decía que «No» (a más de las que Él quisiera incluso empezar a aceptar). Y no era sencillo que fuese así. Por el contrario, y distinto a lo que uno podría pensar, el que ocurra seguido lo hacía cada vez más difícil. Menos tolerable.

No era lo que había planeado. Mucho menos lo que había soñado muchas veces – lo que aún seguía soñando -. A veces, se preguntaba si quizás ese era el problema. Que para Él sólo eran sueños hasta ese momento. Y como pasa con los sueños, sólo apareces dentro de ellos, al medio de una historia que ya está corriendo y en la que no te cuestionas cómo llegaste ahí ni hacia dónde vas.

Algunas veces (menos de las que debería y quisiera), con la fuerza que da el recién despertar y el espacio que te da la soledad de la mañana, cambia los sueños por planes. No comienza a contarse la historia que quiere para Él comenzando por el medio, como un poema épico de Homero. Sino desde donde está. Con esa dosis de realidad a la que somos esquivos cuando no nos llena ni nos satisface. Siente en ese momento, la complicidad que da la soledad con uno mismo. Esa soledad que también infunde valor y coraje cuando no hay otro recurso. Trata de no perderlo, de aferrarse a ese sentimiento de autoconvencimiento, de confianza en sí mismo.

Siente que no puede ni debe dejar pasar ese momento. Quiere sentarse y sellar un compromiso, una promesa con Él mismo. Esa taza de café que lo observaba humeante sería testigo del momento. Hoy daría un pequeño paso. Hoy tomaría acción. Hoy empezaría a pagar una deuda que tenía pendiente consigo mismo. Una irrisoria amortización para el pasivo que cargaba, pero había una gran valía en esa renovada voluntad de pago. La primera cuota. Un comienzo. «El Comienzo».

Por supuesto, como suele suceder en estos emprendimientos, había incertidumbre (mucha incertidumbre). Pero hoy ha salido un radiante sol (aun cuando dicen que ya estamos en época de frio), y si bien eso al Él no le gusta mucho, siente que hoy en particular es distinto. Quizás porque ver todo tan claro le hace saber que no está soñando. Quizás porque así de iluminados se deberían ver los comienzos. Aunque este comienzo sólo lo vea Él.

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